Pressenza, Santiago de Chile. En el momento en que Chile rememora el golpe de Estado del 11 de
septiembre de 1973, Reporteros sin Fronteras hace un llamado solemne a
las autoridades políticas y administrativas –en coordinación con
organizaciones del gremio y representantes de la sociedad civil
concernidos– para que promuevan un nuevo marco regulador en materia de
comunicación. La esperanza de que exista un pluralismo real, que tenga
en cuenta la diversidad de los medios de expresión y de información, no
puede tener lugar en un statu quo heredado de los años de Pinochet
(1973-1990) y cuyo cuestionamiento también se encuentra en del origen de
los actuales movimientos sociales.
“La despenalización de los delitos de prensa, en particular del de difamación, sigue siendo un reto en Chile, mientras que Argentina y Brasil (enlace en portugués)
ya dieron este paso en 2009. A este reto se suma otro primordial: el de
una legislación que garantice un equilibrio del espacio de difusión
concedido a los diferentes tipos de medios de comunicación, ya sean
públicos, privados o comunitarios. Reporteros sin Fronteras ha apoyado
este principio en otros países de la región donde una medida como esta
ya ha sido adoptada o aún se estudia;
la organización ha permanecido muy atenta respecto a las condiciones de
su aplicación. La búsqueda de un equilibrio debe estar acompañada de
garantías de independencia”, declaró la organización.
¿El fin de los medios de comunicación públicos?
El debate resurge ahora que se anunció el cierre definitivo de La
Nación, el próximo 24 de septiembre. El diario da empleo a una treintena
de periodistas; 70% de sus acciones pertenecen al Estado y 30% a
inversionistas del sector privado. A inicios de la presidencia de
Sebastián Piñera, en 2010, se acordó el cese de la edición impresa del
periódico, del que subsistía sólo la versión en línea
(http://www.lanacion.cl/). La desaparición programada de La Nación hace
temer a las organizaciones del gremio periodístico el fortalecimiento
del monopolio –ya de por sí muy fuerte– en la prensa escrita, que
favorece a los dos grupos privados nacionales dominantes: El Mercurio y
Copesa (editor del periódico La Tercera). En el área audiovisual existe
el mismo temor por la privatización de la Televisión Nacional de Chile
(TVN), que muy pronto podría ser objeto de una ley.
Radios comunitarias, al margen
La promulgación de la Ley 20.433 de Servicios de Radiodifusión
Comunitaria y Ciudadana, en mayo de 2010, en teoría debería permitir a
la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) reordenar el espectro
de frecuencias en el país y despejar el segmento asignado en la nueva
ley a las radios comunitarias con potencias de hasta 25 watts. Este
proyecto implica la cesión o reasignación de frecuencias –el solo
consorcio Iberoamericana Radio Chile (propiedad del grupo español PRISA)
posee 211.
Ahora, el 21 de agosto pasado PRISA se opuso a firmar una propuesta
de acuerdo en ese sentido en la que trabajaron durante más de un año
representantes del sector radiofónico y la Subtel. Dicho acuerdo
implicaba para el grupo PRISA modificaciones técnicas de sus radios, que
el grupo rechazó. El grupo aduce que mientras no se resuelva la
situación legal de renovación de algunas de sus frecuencias en la Corte
de Apelaciones de Santiago, no aprobará las propuestas de despeje.
Reporteros sin Fronteras se une a la Asociación Mundial de Radios
Comunitarias (AMARC) para exigir que se aplique el acuerdo establecido
por la Subtel, al que PRISA no debe imponer sus condiciones.
Otro de los principales problemas para los radiodifusores
comunitarios concierne al muy represivo artículo 36 B de la Ley General
de Telecomunicaciones 18.168. Ésta, adoptada en 1982 bajo la dictadura,
aún prevé penas de prisión efectiva en caso de “operar servicios o
instalaciones de telecomunicaciones de libre recepción o de
radiodifusión sin autorización de la autoridad respectiva”
(radiodifusión ilegal). Con base en este artículo, el 28 de agosto
pasado allanaron en Collipulli (Araucanía) la estación comunitaria Radio
Vecina, decomisaron su equipo y detuvieron a su representante, Víctor
Díaz, durante diez horas. Reporteros sin Fronteras tuvo conocimiento de
otros tres casos recientes de amenaza de aplicación del artículo 36 B:
el de la radio indígena mapuche Kimche Mapu, también en la Araucanía; el
de Radio Lógica, en área metropolitana de Santiago, y el de Radio
Galáctika, en los alrededores de Valparaíso. La organización pide la
abrogación pura y simple de una disposición legal que criminaliza a los
pequeños medios de comunicación; muchos de ellos esperan su
regularización desde hace más de diez años.
Finalmente, ahora que las protestas sociales y estudiantiles vuelven a
ampliarse, Reporteros sin Fronteras espera que no se repitan las
detenciones, en ocasiones brutales, de los fotógrafos presentes en las
manifestaciones, como las de Juan Pablo Reyes y Tamara Carrasco, dos
fotógrafos independientes detenidos el 26 de agosto; la de Esteban
Garay, fotógrafo de La Nación detenido el 28 de agosto, o la de su
colega Víctor Arce, del sitio web Factor Absoluto
(http://factorabsoluto.cl/), ocurrida un día después.
martes, 11 de septiembre de 2012
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