Una nueva edición de Literatura y Revolución, célebre libro de
León Trotsky (1879-1940), traducido directamente del ruso por Alejandro
Ariel González, que incluye una segunda parte nunca publicada en
castellano, fue presentado anoche en la Biblioteca Nacional por Eduardo
Sartelli, autor del estudio preliminar del libro, y el propio traductor.
Publicado por Ediciones ryr (Razón y revolución), el libro representa
una novedad no sólo en el campo de la intelectualidad de izquierda sino
en la historia de la política y su relación con el arte, ya que incluye
una segunda parte que no circuló en Occidente y que lo convierte en el
volumen más completo hasta el momento, traducido de su idioma original.
Editado con la intención de combatir una lectura religiosa de la
producción de Trotsky (1879-1940) el libro presenta un agudo estudio
preliminar a cargo de Eduardo Sartelli y Rosana López Rodríguez, que
elabora un análisis científico de los problemas planteados por el
político y revolucionario ruso sobre las tendencias literarias de la
Unión Soviética.
Antes de comenzar la presentación, Sartelli, doctor en Historia y
director de la editorial, leyó en la sala Jorge Luis Borges de la
Biblioteca Nacional una carta de su director, Horacio González, quien no
pudo asistir por razones de salud.
En la carta, González sostiene que esta edición es "incomparablemente
superior" a la que leyó en su momento. "Leí con sorpresa -apunta- la
dimensión del debate en torno al Proletkult; la densa madeja en la que
se sumerge la intelectualidad rusa para adecuarse a la revolución
soviética, y me dejé llevar por la espesura antropológica de las
reflexiones de Trotsky".
Su pensamiento, dice González, "me pareció muy profundo y atinado cuando reflexiona sobre La Divina Comedia
y más discutible en su optimismo sobre la revolución técnica, que lo
lleva a condenar la Torre Eiffel, y construye una utopía artística sobre
la base de una fusión final entre técnica y arte, que sería un tema
digno de discutir hoy de nuevo".
A continuación Sartelli habló sobre esta nueva edición, "la más completa
en inglés, francés, italiano, portugués y sin dudas en castellano. Lo
que nosotros conocíamos de este libro es sólo un fragmento de esa obra,
la primera parte, que tiene muchos problemas de traducción, y no
conocíamos el conjunto de los textos que Trotsky produjo además de las
dos partes del libro".
"Es un libro traducido directamente del ruso, sin re-traducciones de
otras lenguas; nos tomamos mucho tiempo para editarlo porque quisimos
hacer un prólogo que no fuera simplemente la presentación al lector de
un conjunto de materiales, sino tratar de colaborar a enfrentar el
problema de la voz mediatizada", explicó Sartelli.
Y preciso: "La mayor parte de la gente que discute sobre los problemas
del arte y la literatura, desde posiciones trotskistas, lo hace
simplemente leyendo a Trotsky; opinan sobre los problemas planteados por
él a partir de lo que él dice".
"Leemos tan ingenuamente -continuó- que no sabemos lo que es, por
ejemplo, el Proletkult, el movimiento de cultura proletaria; no he
encontrado a nadie que lo defienda, creo que somos los primeros: los
stalinistas no lo defendieron nunca porque era demasiado izquierdista
para Stalin, y los trotskistas no lo defendían porque era demasiado
stalinista".
El Proletkult, contó, "no dejó ninguna línea que lo sucediera. Casi
todos sus protagonistas fueron asesinados por Stalin, pero detrás de su
nombre hay tres o cuatro experiencias distintas, que van del bolchevismo
a las vanguardias artísticas relacionadas con Maiakovski y compañía".
Para Sartelli, "existen una serie de confusiones que tienen que ver con
colocar a Trotsky como una especie de profeta que siempre dijo lo mismo.
La gran virtud de este libro es que nos permite hacer una arqueología
de su pensamiento, mostrar como dice una cosa, se contradice, tiene dos o
tres estéticas que compiten en su pensamiento, desde un racionalismo
muy extremo hasta un romanticismo revolucionario".
"Fue un pensador viviente, que va produciendo, contradiciéndose,
reelaborando ideas, pretendiendo que dice lo mismo diciendo otra cosa,
no es alguien que haya tenido tiempo de sentarse a discutir los
problemas, él mismo dice que dejo de pensar esos problemas en la década
del 20, para cuando firma el famoso manifiesto con Breton", describe el
especialista.
"Si Trotsky es un problema que tiene derecho a contradecirse en medio de
batallas enormes, más problemáticos son los trotskistas -consideró-,
que pretenden que sea un santo varón que siempre ha dicho lo mismo: se
trata de reinterpretar los textos de manera tal que suene coherente,
cuando en realidad no lo es".
Y sostuvo: Trotsky no es un crítico literario, no se ha dedicado a eso,
él mismo lo dice, como buena persona inteligente que era y metido en
temas muy complejos, nunca va a decir ninguna tontería, pero no hay
tomarlo como un especialista y no hay que confundir la autoridad de la
palabra política con autoridad de la palabra en general".
Según Sartelli se elaboró una lectura religiosa del personaje "y no una
lectura histórica, científica, concreta que nos puede ayudar a entender
qué es lo que realmente dijo y qué es lo interesante de lo que dijo; por
eso nos tomamos mucho tiempo para reconstruir ese marco de trabajo de
Trotsky".
Fuente: Télam
viernes, 10 de julio de 2015
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