
por Ernesto H. De Casas
Si lo que va ya de este siglo XXI debiera recibir un nombre, si hubiera que titularlo de alguna manera, podría quizá aludir a los neutrinos, o a las renovables, pero creo que bien puede también ser el “Siglo de las protestas”, aunque llevamos sólo la primera década, pero al parecer se insinúa duradera esta característica.
Pressenza, Madrid. La nueva es la de Ocupantes de Wall Street que han sido reprimidos con decenas de arrestos al celebrar los seis meses de sus comienzos protestando contra el sistema económico de hoy.
La anterior que nos muestran los medios es al actor G. Clooney esposado en plena calle y que alcanza a denunciar las matanzas en Sudan del sur y la necesidad de establecer un corredor humanitario.
Y no olvidemos a B. Pitt reconstruyendo Nueva Orleans, S. Penn en Haití, y a R. Gere defendiendo el Tíbet, por citar algunas celebridades.
Pero, seguidamente, volvemos a ver a los jóvenes chilenos chocando con las fuerzas del orden en sus reclamos estudiantiles, al regresar al período escolar. En España están las manifestaciones por todo el país, anticipando la huelga general del próximo 29 de marzo. Además, sale un grupo en marcha desde Cádiz en protesta caminando por un mes para llegar a la capital. En Marruecos se manifiestan mujeres en contra de la ley que ha llevado al suicidio a una joven de 16 años, Amina, por… mejor no lo repetimos porque es una salvajada. Pero el drama de hoy es Siria con su despótico y malvado régimen que sigue bombardeando a su propia gente por el desacuerdo internacional.
En suma, hay protestas muy variadas, por los recortes de la educación y la sanidad, por la ineficiencia judicial en resolver casos, por… muchas cosas. La primavera árabe sigue sus manifestaciones, en especial en Egipto en donde la frustración anida en el manifestante por el inmovilismo del régimen militar que bloquea todo avance real. Hace poco nos sorprendieron los rusos manifestándose a pesar de los fríos bajo cero en contra del fraude electoral, aunque después vimos a Putin dejando escapar un lagrimón emocionado al ganar las elecciones holgadamente, aunque los observadores internacionales no avalan el proceso electoral. Por las redes sociales se lee: “hay millones de rusos molestos porque sus votos fueron robados y seguirán ocupando las calles en señal de protestas”.
Pero ahora, el fenómeno se da en China, en numerosas poblaciones están los reclamos a pie de calle. Y el presidente saliente recuerda la caótica Revolución Cultural (que reimpuso el totalitarismo en 1966), como algo en lo que no podemos recaer… La brecha entre pobres y nuevos ricos es abrumadora, como también lo son las carencias en las poblaciones. Aquí las protestas empujan al debate de la reforma política, dicho por el primer ministro, sensible al descontento que multiplica las protestas por todo el país en los últimos meses. Justo cuando se predispone al cambio de liderazgo de un sistema que tiene todo muy controlado, ¿lo tiene?
Nadie sabe si darán resultados las marchas y protestas, pero que no paran, no paran; y ya hay muchos teóricos, como los ancianos intelectuales franceses (confirmando el amplio espectro generacional aplicado a las protestas sociales) que opinan sobre el fenómeno, uno de ellos le dio la palabra ‘indignados’ (S. Héssel), otro opina que ‘denuncian’ pero no ‘enuncian' (E. Morín), queriendo decir que no apuntan soluciones; pero es que la denuncia sola ya proporciona la posible solución. El español (J.L. San Pedro) acompaña y aplaude al 15 M local con su ‘Carta De Apoyo A ¡Democracia Real Ya!’ Otros discurren que no es posible que tanto reclamo justo quede en la nada.
Así, rápidamente, vemos que el vasto panorama de protestas sociales amenaza multiplicarse; si tuviéramos un GPS de revueltas y protestas, creo se colapsaría al mostrarnos el mapa.
Si el poder no ‘se pone en el lugar’ del pueblo afectado no lo podrá comprender. Y no podrá aportar soluciones, así que las cosas no parece mejoraran en el próximo futuro. Esto llevará a que se busquen otras formas de entender la vida y la humanidad, pero muchos a la desesperación.
Muchos se preguntan ‘de qué sirve protestar’, otros responden que las protestas y movilizaciones sirven para sembrar cambios posibles y lo que parecía ayer utópico, mañana se plasme como real…
Seguimos expectantes a ver que aparece en el horizonte de soluciones posibles. Porque ‘solo de protestas no se vive’.

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