por David Andersson
La situación en Israel y Palestina es muy simple, dijo Noam Chomsky,
durante una reunión con Tomás Hirsch, Vocero del Humanismo para América
Latina. Según Chomsky, el verdadero problema es Washington. Israel no
podría hacer lo que está haciendo si no tuviera el apoyo de los EE.UU. y
esto ha sido así durante más de 35 años.
Pressenza, Boston. El gobierno israelí ha movido 400.000 Judios ortodoxos a Cisjordania.
Los colonos no van solamente por razones económicas, sino que también
converge el nacionalismo y una vez que están allí tienen una alta tasa
de natalidad. Ha sido una política cuidadosamente implementada.
Hirsch preguntó a Chomsky: "¿Cree usted que EE.UU. va a cambiar su política hacia Israel?"
Sucedió antes con Sudáfrica, dijo Chomsky. Mucha gente crea analogías
entre Sudáfrica e Israel que no tienen sentido, pero hay una analogía
que es pertinente. Sabemos por documentos desclasificados que en 1960 el
ministro sudafricano de Relaciones Exteriores tuvo una interesante
conversación con el embajador norteamericano en la que explicó que
Sudáfrica no estaba preocupada por la presión internacional y una
votación en la ONU contra el sistema del apartheid en Sudáfrica, siempre
y cuando contara con el apoyo de EE.UU. El embajador de Estados Unidos
estuvo de acuerdo, y eso funcionó durante 40 años, hasta que Estados
Unidos cambió su posición, alrededor de 1990. Washington cambió
principalmente por dos razones: en primer lugar, la comunidad de
negocios de aquí y la de Sudáfrica, ambas llegaron a darse cuenta de que
estarían mejor si pudieran deshacerse del apartheid, pero manteniendo
el mismo sistema socio-económico, y la segunda razón, de la que no a
mucha gente le gusta hablar, fue Cuba. Cuba jugó un papel muy importante
en la liberación de Sudáfrica del apartheid.
En el caso de Israel y Palestina, preguntó Hirsch, debería haber un país o dos?
Ese no es el problema, respondió Chomsky: no importa, ya que se puede
describir una manera de llegar allí en etapas. Se podría empezar por la
creación de dos estados y luego construir las relaciones comerciales,
relaciones culturales, y entonces será claro para todos que un estado es
más interesante. Pero la cosa no termina ahí: un Estado no es el final
de la historia. Como solución, que no haya ningún estado es la única
esperanza para los refugiados, o sea, eliminar los límites.
Eso estaría no muy lejos de como era en el Imperio Otomano, que era
tan corrupto que no tenía la energía para interferir en las vidas de las
personas. Se podía ir desde El Cairo a Bagdad y de ahí a Estambul,
cruzar la frontera a Beirut y Jerusalén. Los griegos podrían dirigir sus
asuntos, los armenios podían dirigir sus asuntos. Esa fue una situación
interesante, dejando de lado la violencia y la corrupción.
Hirsch cambió la conversión a América del Sur haciendo una gran gira
por Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina y, por supuesto, Chile, con
su movimiento estudiantil, las protestas sobre el proyecto
hidroeléctrico en la Patagonia y la destrucción de las políticas
sociales y económicas de Pinochet que aún están vigentes. Chile aún
tiene, por ejemplo, uno de los sistemas educativos más caros por PIB en
el mundo. El Estado chileno gana mil millones de dólares con los
préstamos estudiantiles. Noam concluyó la conversación declarando que
América del Sur es el lugar más interesante del mundo en estos momentos.
martes, 17 de julio de 2012
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