por Mariano Quiroga
España se debate en una encrucijada. Dejar hacer a los políticos
serviles a las órdenes de Goldman Sachs y sus secuaces europeos o
insistir en los reclamos e intentar movilizar a una población todavía
sumida en el terror.
Terror a perder lo poco que todavía se tenga y terror a lo nuevo, se llame como se llame.
Pressenza, Redacción París. El gobierno de Mariano Rajoy ha sido legitimado en las últimas
elecciones presidenciales, obteniendo más votos que nunca en la historia
un candidato del Partido Popular (PP). Siendo un candidato poco fiable y
del que se mofaban incluso los suyos, logró convertir la traición del
socialismo (PSOE) en su mejor campaña publicitaria. Prometiendo pararse
en las antípodas del gobierno herido de Rodríguez Zapatero consiguió
desbancar a los socialistas justo a tiempo para salvar a sus aliados.
Rajoy estafó a toda la población llevando adelante políticas
idénticas a las que esgrimieran los del PSOE, incluso hundiendo más
profundo los clavos del ajuste y el recorte. Escudándose en que son
medidas forzadas por el Banco Central Europeo (BCE) y las potencias
europeas, no quiere pagar el costo de las reformas asesinas que está
llevando adelante.
Si bien los discursos fueron ditirámbicos, no se le puede acusar de
incoherencia en lo que lleva de gobierno, ha barrido para los que ha
barrido siempre el PP: los grandes oligarcas, la Iglesia, la banca y la
monarquía.
Esperar otra cosa del partido filofranquista es una ingenuidad. Lo
que no podemos avizorar todavía es hasta dónde van a arrasar, cuál será
el límite que le imponga la población y hasta qué nivel de violencia
están dispuestos a llegar.
Por ahora la represión ha sido desproporcionada y fuerte, obteniendo
el objetivo buscado: la dispersión. Pero las últimas medidas (30 mil
millones de euros para los bancos, rebajas de sueldos, pensiones y
prestaciones para desempleados, subida del IVA, etc…) pueden haber
desencadenado nuevos movimientos populares que desborden a los
operativos de reviente de manifestaciones habituales y porras alegres.
Hay dos datos muy desalentadores en ese sentido, pese al asesinato de
un seguidor del Athletic de Bilbao por el golpe ocasionado por las
pelotas de goma y acero, la prohibición de estas armas no se hará
efectiva hasta, por lo menos, el año que viene. Y por el otro lado
tenemos la militarización de Asturias, en lo que se refiere a los
enfrentamientos contra los mineros del carbón, que se resisten a
quedarse en la calle.
Muchos agoreros apostaron por el fallecimiento del movimiento del
15M. Lo hemos visto sucumbir en algunos barrios a causa de partidos
políticos que cooptaron las asambleas o en otros se llevó a la
disolución por las dificultades de comunicación. En ese sentido será
interesante seguir de cerca la evolución de los paradigmas en el interno
del movimiento, como se instalan y se ponen en marcha las formas
novedosas de organización, de toma de decisiones, de estrategias de
lucha. Deben aprender haciendo para poder mostrar a otros con el ejemplo
que es posible hacer realidad los sueños.
En la Argentina en los momentos de mayor crisis se dieron respuestas a
las urgencias primarias: comedores populares, cooperativas, fábricas
recuperadas, sistemas de trueque, asambleas barriales, escuelas
populares y sindicatos de desempleados. Todo eso permite hacer frente a
las responsabilidades cotidianas, a las necesidades básicas y también
permite ir adquiriendo una nueva consciencia social solidaria, plural,
respetuosa, con ingenio colectivo.
Esa inteligencia colectiva debe manifestarse también políticamente.
Para erradicar las malas políticas y a la enferma clase política
profesional es necesario ocupar los espacios de decisión, ir desbancando
al interior de los partidos a los corruptos y vendidos, crear nuevos
partidos que tengan los valores pretendidos.
Ocuparse de la política no significa abandonar los proyectos
paralelos, pero dejar el cuidado del rebaño a los lobos será siempre
peligroso. El camino de la transformación noviolenta requiere adueñarse
de todos los frentes de acción de los violentos para poder cambiarles el
signo.
En ese sentido también hay datos esperanzadores: los bomberos, los
empleados de la sanidad y de la educación manifestándose y queriendo
cambiar el estado de cosas, significa también una democratización de sus
instituciones; que un sindicato militar exponga abiertamente su
descontento con las políticas del gobierno abre nuevos frentes de
discusión.
Llegará el turno de la justicia, de los policías, todo llega. Lo
importante es no caer en la pesadumbre y en la ansiedad. Mantener el
espíritu alto de lucha organizadamente, cuando no estamos solos no
estamos vencidos. Es el conjunto el que mejora los individuos, si se
logra dar ese salto de individuos a conjunto la batalla principal está
ganada.
jueves, 19 de julio de 2012
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